
Altísimo Señor, cuyo nombre es glorioso y temible, hoy me postro con reverencia delante de tu presencia. Tu nombre es fuerte torre, los justos corren a ella y están seguros. Reconozco que tú eres el Dios eterno, Santo y justo, que habita en luz inaccesible, pero que se ha revelado a nosotros por gracia.
Padre amado, en cada acto de tu poder se manifiesta tu majestad. En cada página de tu Palabra se revela tu gloria. Te alabo porque eres digno, porque eres fuego consumidor, pero también refugio para los humildes.
Jesucristo, nombre sobre todo nombre, te exalto como mi Redentor y Señor. En ti se cumple la promesa del Dios temible que se hizo hombre por amor. En tu cruz vemos la gloria de la justicia y la misericordia abrazadas.
Espíritu Santo, que glorificas al Hijo y sellas a los que creen, graba en mi corazón un temor reverente. Hazme vivir con asombro santo, no por miedo esclavizante, sino por una profunda devoción.
Que toda mi vida exalte tu nombre, Señor. Que en la adoración, en la obediencia y en cada pensamiento, tu nombre glorioso y temible sea exaltado. Amén.