
Señor, tú eres mi Pastor, y nada me falta. En tu infinita bondad, me guías a verdes pastos y me conduces junto a aguas tranquilas. En tu presencia encuentro reposo y en tus manos, mi alma se renueva y se fortalece.
Aunque camine por valles oscuros, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me infunden aliento, me protegen y me confortan. En tus caminos encuentro seguridad y en tu palabra, dirección.
Preparas una mesa para mí en presencia de mis enemigos. Unges mi cabeza con aceite y mi copa está rebosando. Tu generosidad y tu gracia son más que suficientes para mi vida, y en tu casa siempre hallaré refugio.
Tu bondad y tu misericordia me seguirán todos los días de mi vida. En cada paso que doy, siento tu amor incondicional y tu cuidado constante. No hay lugar a donde pueda ir, donde tu amor no me alcance.
Gracias, Señor, por ser mi Pastor y mi guía. En ti encuentro todo lo que necesito. Aunque las circunstancias sean difíciles, tu presencia me da paz y seguridad. Pongo mi confianza en ti, sabiendo que nunca me abandonarás.
Permíteme vivir cada día con gratitud, reconociendo tus bendiciones y compartiendo tu amor con los demás. Ayúdame a seguir tus caminos y a reflejar tu luz en este mundo. Que mi vida sea un testimonio de tu fidelidad y tu amor inagotable.
En tu nombre santo, Señor, te lo pido, confiando en tu promesa de estar conmigo siempre. Amén.