
ORACIÓN
Padre celestial, nos acercamos a Ti con corazones humildes y agradecidos, obedeciendo tu palabra que nos invita a venir ante tu presencia con acción de gracias y alabanzas. Reconocemos que sólo Tú eres nuestro Creador, y que no nos hicimos por nuestra propia mano, sino que somos como ovejas en tu prado, rescatados por tu amor incondicional y sostenidos por tu misericordia.
Levantamos nuestra voz en gratitud Señor, porque tu fidelidad es eterna y tu bondad se extiende de generación en generación. Cuando nuestras fuerzas son débiles, Tú permaneces firme; cuando fallamos, tu Espíritu nos fortalece con consuelo y esperanza, tal como dice tu Palabra “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”, y es en esa libertad que nos postrarnos ante Ti para ensalzarte.
Jesucristo, amado Redentor, te exaltamos porque Tu fuiste el Cordero sacrificado que nos abrió el acceso al lugar santo. Por tu sangre derramada fuimos limpios, reconciliados y hechos hijos del Padre. Solo en Ti encontramos plena comunión con Dios. Gracias por interceder sin cesar por nosotros a la diestra del Padre, asegurando que nada pueda separarnos de tu eterno amor.
Espíritu Santo, consolador prometido, ven y llena este templo interior con tu presencia. Enséñanos a orar conforme a la voluntad del Padre, guíanos en santidad y danos sensibilidad para escuchar tu voz. Concédenos corazones que no olviden ninguno de los beneficios del Señor: el perdón de nuestros pecados, la sanidad de nuestras dolencias y la corona de amor y misericordia que nos rodea.
Hoy confesamos, con fe y reverencia, que no existe otro Dios fuera de Ti. Que nuestras vidas sean un sacrificio vivo, santo y agradable ante tu altar. Que nuestra acción de gracias no se limite a palabras, sino que se manifieste en obediencia, servicio y amor hacia el prójimo.
Oh Señor, recibe nuestra alabanza y haz que nuestras almas se deleiten en Ti. Porque grande es tu nombre sobre toda la tierra, y eres digno de gloria, honra y poder por los siglos de los siglos. Amén.