
ORACIÓN
Oh Dios eterno, nos postramos ante Ti con corazones humildes, proclamando que sólo Tú mereces toda alabanza, honor y gloria. Desde antes que el universo fuera creado, has sido el Señor soberano, perfecto en majestad y poder. Las estrellas proclaman tu grandeza y el cielo anuncia la obra de tus manos; hoy nos unimos a la creación alabándote con humildad.
Padre celestial, reconocemos que de Ti y para Ti son todas las cosas. Todo cuanto existe está bajo tu dominio soberano, y fue hecho para engrandecer tu nombre. En tu misericordia nos hiciste hijos tuyos, y cada día nos sostienes con tu gracia. Por eso te damos gracias con todo nuestro ser, porque tu amor es más valioso que la vida.
Oh Jesucristo, amado Hijo y Salvador del mundo, te confesamos como el Cordero que abrió para nosotros el camino al Padre. En la cruz cargaste con nuestros pecados, y con tu sangre preciosa nos redimiste de la muerte. ¡Eres digno de toda alabanza porque derrotaste al enemigo, resucitaste al tercer día y ahora reinas a la diestra del Padre! Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Tú eres el Señor, para gloria de Dios Padre.
Espíritu Santo, Consolador y Santificador, reconocemos tu obra en nosotros. Nos convences del pecado y nos guías a la verdad, y nos llenas de poder. Gracias porque no estamos solos: moras en nuestro interior, nos capacitas para vivir santamente y nos fortaleces en medio de la debilidad.
Hoy, Señor, dejamos ante Ti nuestras cargas, anhelos y luchas, sabiendo que solo en Ti está nuestra confianza. No ponemos esperanza en fuerzas humanas, sino en el Dios vivo que gobierna sobre todo.
Recibe, oh Dios, la gloria que te corresponde. Que nuestra vida sea un sacrificio santo, vivo y agradable para Ti. Y que en todo lo que hagamos, digamos o pensemos, Cristo sea exaltado ahora y por siempre.
Amén.