Hijos de Dios

ESDRAS-MAESTRO-DE-LA-LEY-LLEGA-A-JERUSALEN

Esdras, maestro de la Ley, llega a Jerusalén con un propósito divino: restaurar la enseñanza de la Palabra de Dios en medio de un pueblo que había olvidado sus raíces espirituales. Según la Biblia, este suceso relatado en Esdras capítulos 7 y 8 marca un momento decisivo para Israel. No se trataba solo de regresar a la tierra prometida, sino de volver al corazón de Dios.

Después del primer retorno de los exiliados bajo Zorobabel, el pueblo necesitaba más que reconstruir muros y templos: necesitaba reconstruir su fe. Esdras fue el instrumento escogido por el Señor para encender nuevamente la llama del conocimiento y la obediencia a Su Palabra.

EL LLAMADO DIVINO DE ESDRAS

Esdras era “escriba diligente en la ley de Moisés”, como lo declara Esdras 7:6. Había dedicado su vida al estudio y a la enseñanza de las Escrituras. Pero su ministerio no comenzó con fama ni autoridad humana, sino con una profunda devoción y un corazón dispuesto.

Dios vio en él un hombre íntegro, dispuesto a obedecer antes de enseñar. Su ejemplo nos muestra que la verdadera enseñanza espiritual nace del compromiso personal con Dios. Esdras no buscaba reconocimiento; buscaba transformación.

Además, su llamado no fue solo religioso, sino también misionero. El rey Artajerjes reconoció la sabiduría de Esdras y le otorgó una carta de autoridad para regresar a Jerusalén acompañado de sacerdotes, levitas y voluntarios. El propósito era claro: restaurar la obediencia a la Ley del Señor en toda la nación.

EL SEGUNDO RETORNO DEL EXILIO: UN PUEBLO DISPUESTO

En Esdras 8 se describe el viaje del segundo grupo de exiliados desde Babilonia hacia Jerusalén. No fue un movimiento político ni militar, sino espiritual. Este retorno simboliza la renovación del pacto con Dios.

Esdras reunió a las familias, organizó los levitas y proclamó ayuno junto al río Ahava:

“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de Él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes.”
— Esdras 8:21

A través del ayuno y la oración, Esdras reconoció que la dependencia del pueblo debía estar puesta en Dios, no en los recursos humanos. Aun en medio del peligro del camino, confiaron plenamente en que el Señor los protegería.

“Y la mano de nuestro Dios fue sobre nosotros, y nos libró de la mano del enemigo y del acechador en el camino.”
— Esdras 8:31

Este episodio enseña que todo movimiento de restauración espiritual comienza con humildad, arrepentimiento y confianza total en la dirección divina.

LA AUTORIDAD DE LA PALABRA: ESDRAS Y EL AVIVAMIENTO ESPIRITUAL

Cuando Esdras llegó a Jerusalén, no trajo ejército ni armas, sino la Ley de Dios. Su poder residía en la Palabra, no en la fuerza. Bajo su liderazgo, la nación experimentó un avivamiento: el pueblo lloraba, se arrepentía y renovaba su compromiso con el Señor.

La Biblia relata más adelante que Esdras y Nehemías se unieron para proclamar públicamente las Escrituras ante todo el pueblo. Este acto simboliza la centralidad de la Palabra de Dios en la vida del creyente y de la comunidad de fe.

El impacto fue tan grande que los israelitas se comprometieron a abandonar sus pecados y a guardar los mandamientos. Fue un despertar espiritual que cambió la historia de la nación.

“Y se levantó Esdras, y juramentó a los príncipes de los sacerdotes, de los levitas y de todo Israel que harían conforme a esto; y ellos juraron.”
— Esdras 10:5

Este juramento no fue un simple acto religioso, sino una declaración de fidelidad y obediencia a Dios, marcando el inicio de una nueva era espiritual para Israel.

LA LECCIÓN ESPIRITUAL: DIOS LEVANTA LÍDERES PARA RESTAURAR SU PUEBLO

La vida de Esdras, maestro de la Ley, llega a Jerusalén para recordarnos que Dios siempre levanta siervos fieles cuando Su pueblo se ha alejado. En tiempos de confusión, envía líderes con discernimiento espiritual, humildad y amor por Su Palabra.

Esdras no buscó su propia gloria; buscó la gloria de Dios. Su labor demuestra que el conocimiento sin obediencia carece de poder espiritual, y que la enseñanza verdadera transforma corazones antes que mentes.

Además, su historia nos muestra que el avivamiento comienza en el interior. Dios no puede restaurar una nación si antes no restaura el corazón de sus hijos. Así como Esdras preparó su corazón para enseñar, cada creyente está llamado a preparar su vida para servir con fidelidad, pureza y reverencia.

RESTAURACIÓN ESPIRITUAL

La historia de Esdras, maestro de la Ley, llega a Jerusalén no es solo un relato antiguo, sino una enseñanza viva para la iglesia de hoy. Dios continúa buscando hombres y mujeres como Esdras: comprometidos con Su Palabra, dispuestos a enseñar con amor y a vivir con integridad.

Si el pueblo de Israel necesitó un maestro que los guiara de regreso a la obediencia, también nosotros necesitamos redescubrir el valor de la Palabra en nuestra vida diaria.
La invitación es clara: volver al altar, volver a la Ley, volver a Dios.

“Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan.”
— Salmo 119:2

Permite que el ejemplo de Esdras te inspire a restaurar tu relación con el Señor. Aprende más sobre las verdades de la Palabra en HijosDeDios.com y fortalece tu fe cada día en comunión con Cristo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *