Hijos de Dios

la creación

Desde los albores de la humanidad, la creación ha sido un testimonio vivo del poder, la sabiduría y el amor de Dios. La creación, narrada en el primer capítulo del libro de Génesis, no es simplemente una historia antigua; es una manifestación eterna del propósito divino y del lugar que ocupamos como seres humanos en el corazón de nuestro Padre celestial.

DÍA UNO – DIOS CREA LA LUZ Y SEPARA LAS TINIEBLAS

En la biblia, en Génesis 1:3-5, Dios lanza las primeras palabras, “sea la luz”, y está existió. Esas simples órdenes son el comienzo de su creación y la idolatría para conquistar el caos. La luz separada de las tinieblas es quizás más que simplemente el día de la noche; es una dedicatoria de desorden encuadrado por el orden divino que solo se impone en vigor y un signo de que nuestro creador es la fuente de toda claridad, tanto física como espiritual. ¿Qué significa la creación misma de la luz para nuestra humanidad? * ¿Es nuestra tarea iluminar nuestro mundo reforzando esas fronteras?

La creación de la luz también representa la revelación de Dios al mundo. Así como la luz física disipó la oscuridad primordial, la Palabra de Dios disipa la ignorancia espiritual en nuestros corazones.

DÍA DOS – EL FIRMAMENTO Y LAS AGUAS

En el segundo día, Dios separó las aguas y formó el cielo o firmamento (Génesis 1:6-8). Esta división creó una estructura que sostenía la vida: una atmósfera capaz de dar aliento a toda criatura.

El cielo proclama la gloria de Dios (Salmo 19:1). Cada nube, cada estrella y cada amanecer es una obra de arte que apunta a su autor. La creación nos llama, aún hoy, a contemplar la grandeza del Padre.

DÍA TRES – LA TIERRA SECA, LA VEGETACIÓN Y LOS ÁRBOLES

En el tercer día (Génesis 1:9-13), las aguas se reúnen en un solo lugar, y aparece la tierra seca. Luego, Dios hace brotar la hierba, las plantas y los árboles. Este acto muestra la previsión divina: antes de crear al ser humano, ya había preparado alimento y sustento.

Las plantas que dan fruto según su especie reflejan la ley divina de siembra y cosecha. Dios espera que nuestras vidas produzcan fruto: amor, justicia, obediencia. Tal como la tierra fue diseñada para dar vida, así nosotros somos llamados a vivir para Él.

DÍA CUATRO – SOL, LUNA Y ESTRELLAS

En el cuarto día (Génesis 1:14-19), Dios coloca las luminarias en el cielo para marcar el tiempo y dar luz a la tierra. El sol para el día, la luna para la noche, y las estrellas para guiar.

Dios no solo crea el tiempo, sino que lo bendice. Establece estaciones y ritmos que enseñan paciencia, renovación y propósito. Aprendemos que todo tiene su momento bajo el cielo, y que Él es Señor del tiempo.

DÍA CINCO – AVES DEL CIELO Y PECES DEL MAR

Dios llena las aguas y los cielos con vida (Génesis 1:20-23). Aves y peces aparecen, cada uno según su especie. Este día refleja la creatividad exuberante de Dios: criaturas en movimiento, belleza en diversidad.

El ser humano está llamado no solo a dominar, sino a cuidar la creación. La vida marina y aérea son parte de la obra de Dios, y su cuidado es una forma de adoración.

DÍA SEIS – ANIMALES TERRESTRES Y EL SER HUMANO

El sexto día (Génesis 1:24-31) culmina con la creación de los animales de la tierra y del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios. Este es el clímax de la creación: el hombre y la mujer reciben el encargo de gobernar la tierra con responsabilidad.

Somos creados con propósito y dignidad. Ser imagen de Dios significa reflejar su carácter, su justicia, su amor y su santidad. La creación nos recuerda que no somos producto del azar, sino del deseo profundo de Dios de compartir su gloria con nosotros.

DÍA SIETE – EL DESCANSO SANTO

Aunque no es un día de creación activa, el séptimo día es vital (Génesis 2:1-3). Dios descansa, no por cansancio, sino para bendecir y santificar el tiempo. Aquí nace el principio del reposo espiritual: una invitación a disfrutar su presencia.

El propósito final del descanso se logra en Cristo. Nos llama: “Venido a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. La creación no alcanzará su plenitud final en esta vida, sino que señala hacia una relación eterna con nuestro Salvador.

UN MUNDO DISEÑADO POR AMOR

La creación no fue un accidente ni un error, sino un acto deliberado del Dios santo, justo y amoroso. Desde el primer “Sea la luz”, el Creador reveló su soberanía y su propósito de compartir la vida con su creación.

Cada día revela su carácter: la luz muestra su santidad, la tierra su provisión, los astros su dominio sobre el tiempo, y las criaturas su creatividad. El ser humano, hecho a su imagen, es el culmen de esta obra perfecta.

Todo lo creado apunta a Dios, no para ser adorado, sino para dirigirnos al único digno de adoración. Aun en un mundo afectado por el pecado, la creación sigue proclamando la gloria de Dios (Salmo 19:1).

En Cristo, la Palabra eterna, la creación encuentra restauración. No fue un error, sino el comienzo de una historia de redención que nos invita a volver al Creador y vivir conforme a su propósito eterno.

JESUCRISTO, LA PALABRA ETERNA QUE SOSTIENE LA CREACIÓN

En el Nuevo Testamento, se nos revela que todo fue creado por medio de Cristo y para Él (Colosenses 1:16-17). Él es la Palabra que estaba en el principio con Dios, y sin Él nada de lo que fue hecho, fue hecho (Juan 1:1-3). Reconocer la creación es reconocer al Hijo como Señor.

La creación es más que un relato; es una invitación a reconocer a nuestro Padre como el autor de la vida y a Jesucristo como el Salvador del mundo. No ignores el llamado que el cielo y la tierra proclaman día tras día.