
La vida de Abraham es uno de los relatos más ricos y profundos que se encuentran en toda la Escritura. Su historia no solo es el punto donde comienza el pueblo de Israel, sino que también nos enseña cómo seguir adelante con pasos de fe en medio de situaciones que no tienen nada seguro. A pesar de sus propias limitaciones humanas, Abraham (llamado “el padre de la fe”, por sus declaraciones apostólicas y buen ejemplo) no sólo fue capaz de responder puntualmente al llamado de Dios.
En el mundo actual dominado por la inseguridad y opciones confusas, su vida sigue siendo un modelo de seguridad y confianza en Jehová. ¿Qué significa dejar ir hoy lo seguro para seguir el llamado de Dios? ¿Cómo podemos vivir una vida parecida a la de Abraham en medio de nuestras propias situaciones?
LA VIDA DE ABRAHAM
Abraham nació en Ur de los caldeos (Génesis 11:27-32), el centro cultural y económico de su época pero también un lugar donde la idolatría estaba por todas partes. En este lugar Dios le habló:
Esta orden no debía de ser nada fácil; ella significaba dejar la seguridad, la familia y los proyectos personales. Por otra parte, Abraham siguió adelante; en un camino que no podía ver con los ojos ni tocar ni calcular con medios humanos, Abraham obedeció únicamente el mensaje de Dios. Aquí está el comienzo de una historia de fe que sigue resplandeciendo en nuestras vidas.
Es interesante notar que el contexto histórico recuerda que la fe siempre crece dentro de contextos culturales, sociales y personales en conflicto. Abraham no era un héroe perfecto, sino un hombre que aprendió a confiar más en la promesa de Dios que en su propio esfuerzo.
La vida de Abraham representa un pacto eterno. Dios le prometió descendencia y tierra a la vez que le encargó ser bendición para todas las naciones (Gn 12:1-3). Pero esta promesa parece para Abraham y Sara, ambos ya ancianos, no se puede cumplir Sin embargo:
“Y creyó Abraham a YAHVÉ, y se le atribuyo por justicia. ”Génesis 15:6. Su fe no era ciega, sino que confiaba en la fidelidad de Dios. Ha tenido sus dudas en un momento u otro de la vida, como en el nacimiento de Ismael; pero descubrió que la realización de cualquier promesa no depende del hombre sino de Dios. La cuestión está en uno mismo:
El cumplimiento final de este pacto es por Jesucristo. El descendiente de Abraham y mediante él, todas las familias de la tierra recibirán bendiciones (Gal. 3:16).
PRUEBAS Y LECCIONES EN LA VIDA DE ABRAHAM
La fe de Abraham se enfrentó a muchas pruebas. La más famosa es probablemente Gn 22, cuando Dios le ordenó que sacrificara a su hijo Isaac. Aunque la orden le pareciera muy dura, Abraham obedeció porque confiaba en que Dios podía resucitar a su hijo.
Esta terrible prueba nos dice que la verdadera fe no es simplemente tomar bendiciones, sino que también incluye la entrega total y confianza en Dios. En la hora más oscura de toda leyenda humana, Abraham nos muestra eso.
EL EJEMPLO DE ABRAHAM EN NUESTRAS VIDAS
Cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles, ¿creemos lo que vemos o lo que oímos de Dios?
¿Estamos dispuestos a dar a Aquel que nos da todo lo más valioso de nuestra existencia?
En cada prueba, Abraham nos confirma que la verdadera fe nace de la obediencia y va en busca de lo eterno.
UNA VIDA QUE INSPIRA A CAMINAR CON DIOS
La vida de Abraham es un constante testimonio de lo valioso de tener fe en Dios. A pesar de todas las pruebas, pensamientos y desafíos que vinieron sobre él, mantuvo el rumbo y cada una de las promesas de Dios se cumplió en él.
Nosotros, hoy, somos testigos vivientes de aquella bendición para la que Dios prometió. Como gentiles, todos los que ponen su fe en Jesucristo son hijos de Abraham (Gálatas 3:29). ¿Vas a caminar con Dios como Abraham caminó? ¿Pondrás tus pasos en fe aunque no veas el camino completo?
El Señor nos llama a vivir con la misma confianza y obediencia. Que la vida de Abraham nos inspire a caminar con fe, esperando en Aquel que siempre mantiene su palabra.
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