
DANIEL 9:4-5
Oh Señor, Dios grande y temible, que guardas el pacto y la misericordia con aquellos que te aman y siguen tus mandamientos. Hoy venimos a postrarnos ante tu santo trono de gracia, reconocemos nuestros pecados y confesamos que nos apartamos de tus caminos. Desobedecimos tu voz y seguimos la dureza de nuestro corazón. Pero Tú, Señor, sigues siendo nuestro Padre Santo; tu bondad vence nuestras rebeldías y tu verdad derriba todas las mentiras.
Deseamos exaltarte, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque por su sangre recibimos redención y por tu gracia alcanzamos perdón de pecados. Confesamos que sólo en Cristo hallamos justicia, y por su Cruz logramos reconciliarnos contigo. Él intercede como nuestro abogado ante Ti, y en Él encontramos refugio y paz para nuestras almas cansadas.
Ven, Espíritu Santo, Consolador prometido, y quebranta nuestra soberbia. Muéstranos cómo vivir en santidad y humillarnos bajo tu poderosa mano; ruega con nosotros con fe. Haznos un corazón recto, íntegro, y reemplaza el espíritu en nosotros, Para que no confiemos en las obras de nuestras propias manos sino en la gracia que mana del Cristo inmolado.
Oh Señor, como Daniel oraba por su pueblo, ahora también llevamos nuestra voz por las personas que se ha apartado del único camino verdadero. Que perdones nuestra maldad, sanes nuestra tierra y nos muestres tu rostro resplandeciente de amor. Tu Reino venga, tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo y tu gloria sea conocida entre todas las naciones.
Padre eterno, concédenos perseverancia en nuestra fe, firmeza en nuestras esperanzas y total amor. Pues tuyo es el Reino, el poder y la gloria para siempre.
Amén.