
Señor, ten piedad de mí conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Me postro ante tu trono de gracia reconociendo mi pecado, sabiendo que contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos.
Oh Dios, mi corazón está quebrantado. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Como lo hizo tu siervo David, clamó por tu limpieza, por la obra regeneradora del Espíritu Santo que renueva y transforma desde lo profundo del ser. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de tu presencia, ni quites de mí tu Santo Espíritu. En tu infinita compasión, restáurame el gozo de tu salvación, y hazme caminar en tu luz con humildad, obediencia y gratitud. Jesús, Hijo de Dios, mi Redentor amado, en tu sangre encuentro redención; en tu cruz, esperanza; en tu resurrección, vida nueva. Por tu gracia me acerco, no con justicia propia, sino revestido en tu justicia perfecta.
Padre Santo, fortalece mi alma. Hazme instrumento de tu paz y testigo de tu amor. Dirige mis pasos por tus sendas eternas. Que mi vida refleje la gloria de Aquel que me amó y se entregó por mí. Amén.