
Oh Dios eterno, Padre de misericordias y fuente de toda sabiduría, venimos ante Ti como Salomón lo hizo, reconociendo nuestra pequeñez ante la grandeza de tu propósito. Señor, da a tu siervo un corazón entendido para discernir entre el bien y el mal, para caminar rectamente delante de Ti y guiar a otros en Tu verdad.
En medio de tantas voces, anhelamos la voz de Tu Espíritu Santo que susurra sabiduría desde lo alto. No confiamos en nuestra propia prudencia, sino en la perfecta sabiduría revelada en Cristo Jesús, quien ha sido hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios.
Haznos humildes para aprender, mansos para obedecer, y valientes para aplicar Tu Palabra con temor reverente. Ilumina nuestro entendimiento para que sepamos lo que es bueno, justo y santo. Señor Jesús, Tú que enseñaste como quien tiene autoridad, forma en nosotros Tu mente y Tu compasión.
Glorificado seas, Padre celestial, por conceder generosamente a los que piden con fe. Y que en todo, la gloria sea para Ti, por medio de Cristo, en el poder del Espíritu. Amén.