
Padre Santo y lleno de compasión, nos postramos ante Ti con corazones quebrantados, recordando las palabras sagradas de Tu Hijo amado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). En medio del dolor y la injusticia, Cristo clamó por misericordia, revelando la profundidad de Tu gracia redentora.
Te adoramos, Señor, porque en la cruz se manifestó el amor supremo que no guarda rencor y extiende el perdón incluso a los enemigos. Jesucristo, Cordero sin mancha, Tú llevaste nuestros pecados y suplicaste por nuestra reconciliación, abriendo un camino nuevo hacia el Padre.
Espíritu Santo, enséñanos a perdonar como hemos sido perdonados. Quita de nosotros toda dureza y resentimiento, y derrama en nuestros corazones el amor de Cristo (Romanos 5:5), para que podamos orar por quienes nos ofenden y caminar en santidad.
Oh Dios eterno, ten misericordia de este mundo que muchas veces actúa en ignorancia. Abre los ojos de los que aún no conocen a Tu Hijo, y haznos instrumentos de paz, reflejando el carácter de Cristo en palabra y obra.
A Ti sea toda la gloria, ahora y por los siglos. Amén.