Hijos de Dios

sáname señor

Santo y eterno Dios, fuente de vida y de toda sanidad, me postro ante Ti con el clamor del profeta en mis labios: “Sana, oh Señor, y seré sanado; sálvame, y seré salvo; porque Tú eres mi alabanza.” (Jeremías 17:14).

Tú que formaste mi cuerpo, conoces cada herida, tanto visible como oculta. Tú que escudriñas el corazón y pruebas los pensamientos, sabes cuán quebrado está mi interior. A Ti acudo, Jehová-Rafa, mi Sanador, sabiendo que sólo en Ti está la medicina que restaura cuerpo, alma y espíritu.

Señor Jesús, por Tus llagas fuimos nosotros curados. Tú llevaste nuestro dolor en la cruz y abriste un camino de redención para todo aquel que cree. Te exalto como mi Salvador y confiado descanso en Tu sacrificio perfecto.

Espíritu Santo, sopla vida donde hay muerte, renueva donde hay desgaste y fortalece donde hay debilidad. Trae consuelo al quebrantado y esperanza al afligido.

Sáname, Señor, no solo para sentir alivio, sino para vivir para Tu gloria, servirte con alegría y testificar de Tu fidelidad.

En el nombre poderoso de Jesús, amén.