Hijos de Dios

Toda la tierra se postre ante Ti

Altísimo y eterno Dios,
Creador de los cielos y la tierra,
ante quien tiembla la creación y a quien toda lengua confesará,
nos postramos con corazones rendidos en adoración,
porque sólo Tú eres digno de alabanza, honor y gloria por los siglos.

Como dice Tu Palabra: “Toda la tierra se postre ante Ti, y cante salmos a Tu nombre”, así también nosotros, desde lo profundo del alma, te bendecimos con cánticos de gozo y reverencia. Porque has hecho maravillas, y Tus caminos son justicia y verdad.

Padre celestial, te damos gracias por Tu fidelidad eterna. En Ti no hay sombra de variación. Tú eres nuestra roca, nuestro refugio y nuestra porción para siempre. Desde la eternidad hasta la eternidad, Tú eres Dios, y delante de Ti calla toda la tierra.

Te exaltamos, Señor Jesucristo, Cordero sin mancha, enviado en plenitud de los tiempos para redimirnos. Fuiste obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, y por eso Dios te exaltó hasta lo sumo. Por Ti tenemos entrada libre ante el trono de gracia, y por Tu sangre hemos sido limpiados de todo pecado. Tú eres el Buen Pastor que dio su vida por las ovejas; el Alfa y la Omega, quien vive y reina por siempre.

Espíritu Santo, Consolador fiel,
habita en nosotros y llévanos a toda verdad.
Santifica nuestro andar, inflama nuestro amor por Cristo,
y enséñanos a orar conforme a la voluntad del Padre.
Sin Ti nada podemos hacer,
y por Ti clamamos: “¡Abba, Padre!”

Hoy, en humildad y reverencia, rendimos nuestro ser ante Tu presencia. Que nuestras vidas sean un salmo vivo, una ofrenda agradable, una alabanza continua. Llena la tierra del conocimiento de Tu gloria, como las aguas cubren el mar. Y mientras esperamos la manifestación gloriosa de Tu Reino,
haznos fieles testigos del Evangelio, para que toda nación, tribu y lengua, cante salmos a Tu santo nombre.

Amén.